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5 de junio de 2012

.Mentiras.

Me roza la mano,
el hombro, el brazo.
Y ahora sin pensarlo los labios.
Me coge, me suelta,
me trae y me lleva.
Me mira. Sonríe.
Y vuelvo a sentirlo.
Caricias. Cuidados.
Olores. Sabores.
Mentiras. 


[Diciembre, 2010]

.Palabras.

Deja que tus manos escriban. No mires. No rompas la magia.
Cura las heridas que hizo el pasado.
Escribe el poema de tu olor entre mis poros.
Mancha cada esquina de mi corazón con tus besos.
Oye mis latidos. Mis súplicas. Mis miedos.
Acaricia cada lágrima.
Rescátame de la historia que inventamos juntos.
Miente hasta que duelan las primeras veces.
Míralo hasta que se desvanezca.
Sonríe las despedidas.
Sé lo que eres.
Palabras. 


[Diciembre, 2012]

.Caprichos del azar.

Caprichosa, la suerte. Tímida y escurridiza. Sutil. Atrevida. Con cuerpo de mujer.
Sencilla.
Cálida. Fuerte. Frágil. Mimosa.
Agónica.
Temerosa.
Concurrida. Socorrida.
Y por los caprichos del azar te cruzas en mi camino. Te veo. Te miro. Te observo. Analizo cada uno de los recovecos de tu cuerpo, de tu piel, de tu abrigo. Serena.
Caminas. Te mueves. Me muevo. Te acercas. Te vas. Esperas. Y sigues.
Sigues como otro día más, Mazarine, como cualquier otro. Nuestros caminos se han encontrado, y tú... ¿y tú? Tú no haces nada, sigues, pasas de largo. De largo, como otro día cualquiera.
Otro día cualquiera: el abrigo rojo, la bufanda blanca, la nariz fría y la mirada perdida. ..Calidez en los movimientos. Aburrimiento en las pisadas. Sencillez en las sonrisas. Sigues siendo tú, como otro día cualquiera.
Y lo digo con asombro, y no salgo de él. No doy crédito. Ni débito. No doy ni visa. Ni si quiera en efectivo.

[Diciembre, 2010] 

.Pasen y vean.

Que la musa está apagada o fuera de cobertura. Que el tiempo no pasa. Que la vida nos miente. Que las horas corren fatigadas por llegar a la meta. Que el estrés me come el sueño. Que los sueños no se rompen. Que se guardan en un tarro de cristal. Que viven en burbujas. Que los dedos escriben sin saber qué dicen.
Que la musa se conecta. Que se levanta el telón. Que la música fluye pero no la oímos. Que el tiempo no corre, vuela. Gota, gota... pasen y vean.


[Enero, 211]

.Brócoli.

Góndola
del mar adriático.
Vuelan golondrinas
púrpuras e ígneas
de plumas esdrújulas
en un halo lúgrube, naúfragas sin brújula...
de lugares caóticos donde los ósculos duelen
pájaros que sobrevuelan el índigo océano
éxtasis de cárceles, carátulas sin ídolos.


[Enero, 2011]

.Escribir.

Existen mil formas de escribir:
escribir para sentir,
agarrarte al corazón,
latirte un sinvivir...
¡atento a la razón!
Poesía. Prosa. Hermanas siamesas de los renglones torcidos. Soldados en batallas que ya se han perdido.
Cientos. Miles.
Palabras que se agolpan, latidos que no laten, notas que se oyen, lágrimas que lloran.
Mentiras que se mienten,
verdades que se ocultan,
saberes que nos hacen
de la vida una locura.


[Febrero, 2011]

.¿Me pasas mi sujetador?

La lluvia ha empezado. Las gotas se oyen. El mar se revuelve y nosotros sólo nos amamos. Quedan segundos, quizá minutos… pero nos ahogaremos. Por eso, ámame ahora. Ahora, aquí y en silencio. Sin que nadie nos vea, sin que nadie nos mire. Y ustedes, que expectantes no pierden de vista la pantalla de su televisor, dejen de compadecerse de nosotros. Simplemente dejen de comer.
El tic-tac del reloj ha parado, ya no hay cuenta atrás. El tiempo no existe, se desvanece. El frío repiquetea entre tus huesos que se chocan con los míos. Ya no se oye nada, ni si quiera los gritos de fuera, pero no pasa nada mi amor, tú sigue amándome. Nuestras caricias se cruzan, lentas, con miedo. Nuestros labios se encuentran desesperados por inventar un trocito de tiempo. Bésame. Bésame porque es la única manera de saber que todavía no estoy muerta, de saber que todavía no estás muerto.
Tus manos empiezan a temblar sobre mis muslos, sobre mis senos. Me contagias tu miedo, tu frío. Y hasta el suelo, las paredes, el techo, la cama, el alma…tiemblan. Tiembla la tierra, y los lamentos de ese público. Pero no te asustes, sólo acaricia mi piel.  Siempre nos gustó la costa, el mar. Ahora más que nunca podremos recrearnos en él. Mi respiración se acelera. Tus latidos están más lejos que antes. Ya no te oigo. Sólo oigo el mar. Como cuando mirábamos la lavadora juntos. Siento que algo roza mi mano, quizás seas tú. Y te introduces entre los pliegues de mi cuerpo, como el agua que nos separa. Y hoy no llevo paraguas, y se me estropeará el pelo… pero me has besado. Lo has hecho. Antes de morir me has besado. Y me has amado.
Siento que me ahogo. La agonía inunda mis pulmones, mi boca, mi nariz. Tú te has ido. Ya no estás. Sólo me queda esperar la muerte.
Las miradas huyen persiguiendo las sonrisas. Las palabras se confunden con la risa. El tiempo pasa y ni se inmuta. Se cree dueño de todas las esdrújulas.
Tú sigues caminando como si nada te importase. ¿Qué más da?, sólo estoy yo.
Todavía me gusta besarte sin contacto. Pero más me gusta aún cuando lo hicimos aquel día. Si me acaricias la cara, la oreja, el cuello, el hombro, el brazo, el escote… y sigo con mis pensamientos el recorrido de tus labios. Si resulta que dormida oigo tu corazón, si resulta que tu respiración entrecortada me despierta, si resulta que el sueño se pega a mis pestañas… tú proponme irnos a dormir. Pero sobretodo pregúntame si quiero dormir contigo. Invéntame las ganas de besarte, invéntate las ganas de mirarme. Ciérrame los ojos, séllame los gestos, apaga la luz y tiembla.
¿Me pasas mi sujetador?

[Marzo, 2011]

.El arte de escribir "Lo siento".

La noche era fría. Llovía y yo iba descalza. No tenía miedo, la luz de las farolas me acompañaba. Yo a ellas no.
Anduve horas y horas a la intemperie aquella noche de Marzo. La gabardina me tapaba el cuerpo, la cara, los brazos. Sólo mis ojos y mis pies quedaban a la intemperie. La soledad me acompaña. El tiempo no corre. La lluvia se acompasa al latido de mi corazón. Mis pies caminan lento, notando el asfalto, clavándose algunos cristales. Las gotas me inundan los ojos. Los cierro y sigo caminando. Una gota cae desde mi frente hasta mi nariz y se suicida al vacío de mi boca. Otra gota. Lentamente recorre mi cara. Noto como baja. Abro los ojos de golpe. El corazón se me acelera. Hace rato que las farolas se apagan. Quizá mis pies fundieran las bombillas. Comienzo a andar más deprisa. Nunca me dio miedo la oscuridad, pero sí los pasos de la gente. El corazón se me acelera. En la calle oigo un tiroteo, y las ratas huyen despavoridas por mi presencia. Comienzo a correr, el corazón me ahoga. La lluvia me moja la gabardina. Giro de vez en cuando la cabeza. Hay alguien. No sé quién es, pero me da miedo. Sigo corriendo. Tengo miedo. Los charcos mojan hasta mis rodillas. Comienzo a cansarme, a ser débil, a ser frágil. Pero eso da igual. Nadie lo puede saber. La fragilidad, el miedo es pasa los débiles. Yo nunca he aparentado debilidad. No lo puedo hacer tampoco ahora. Vuelvo a girar la cabeza. Sigue ahí, observándome. Sigo corriendo. No soy capaz de verle. La oscuridad le arrastra, le protege, le cuida. La agonía me persigue. Sólo me mira. No deja de mirarme. Vuelvo la cabeza y ahí está él. De golpe. De pronto. Me paro en seco. Fatigada. Con lágrimas en los ojos. Él me mira. Me cuida, me mima. Le aparto de un golpe, le empujo y corro hacia atrás. Más miedo me da él que el otro. Corro hacia atrás. Tengo que encontrarle. De vez en cuando vuelvo la mirada pero no me hace falta entornar mucho la mirada. Él está ahí, mirándome con ternura. Se ha puesto a correr conmigo. Me ha cogido de la mano. Tengo miedo y él lo sabe. Y no le importa. Comienzo a correr más y más rápido. Y resbalo. Resbalo y le tiro. A los dos. No lo hice a posta. Lo siento. Él ahora, está en el suelo, sangrando. Su corazón agoniza. La sangre le inunda. A su alrededor un charco rojo. Él he venido. El otro. También tiene una herida: de tanto mirarme las gotas de mi caída le han mojado os ojos. No quería haceros daño. Sólo corrí por miedo. Pero eso ahora da igual. Ya me he caído. Y a vosotros sólo os importa eso. Ninguno me deja curarle. Me apartáis. Me miráis. Os dais la vuelta y os vais.
Lo siento. ¡Lo siento! Mi grito se pierde en el eco de mi miedo. La lluvia moja mi pelo. El corazón en un puño. Y mis lágrimas cayendo en el dedo gordo del pie. Por miedo, quise correr hacia los dos. Por miedo, quise tenerles a los dos. Y por quererlo, les he perdido a los dos. La calle vacía. Ya no se oye nada. De fondo una canción. Una cualquiera.
La noche llega a su fin, y a ella le da igual. ¿Qué más da? Sólo estoy yo.
No debí empujaros. Lo sé. Miro la calle y está vacía. El ya no está. Él tampoco. No están ninguno de los dos. Y aunque sentada en un charco, con toda esa agua que tanto me gusta, y las gotas repiqueteando en el suelo, me ahogo. Y aunque ya no sirva de nada. Aunque no estéis aquí ninguno de los dos: Lo siento.

Fdo: M 


[Marzo, 2011]

.Ábaco.

Escribir unos versos
sentada en la mesa de un bar.
Acariciar la vida
sentada en la mesa de un bar
Mirarte, reir,
pensar en el tiempo.
Y de pronto escribir unos versos y ver la vida
pasar entre cervezas y comida, entre risas
y silencio, entre miradas y caricias.
Caricias de las que no tocan. Caricias
de las que acarician. De las que permiten
el con-tacto con tacto.
Y de pronto debería escribir una palabra sobre una mirada. Y de pronto... no consigo escribirla porque no ocurre. Tal vez a alguien se le acabó la luz. Tal vez se fundió una bombilla, o un fusible. Tal vez me pongo mis zapatillas y se vierten recuerdos al suelo como el cristal.
Tal vez ocurran muchas cosas.
Olor fuerte a queso, a cebolla, a sentimiento.
Gafas, gorra, pelo. Una sonrisa. Unas
gracias. Un "buen fin de semana", una
pareja, un teléfono. Un mordisco. Una
sombra, un miedo, un hombre gordo.
Uno gordo como mi abuelo. Uno delgado
como mi abuelo. Un cerdo. Rojo y verde.
Corre. Corre la vida. Corre ese niño. Corre
el tiempo. Corre mi mano. Corre mi boli.
Corre.
Saluda. Corre. Ríe. Despierta la ciudad.
Despierta la mañana.
Se duerma mi colchón.
Tal vez vino alguien a decirme
que el mar se vierte
lleno de espuma
sobre mi tejado.
Quién sabe. Pues, tal vez un día
aparezca el acorde necesario
para despertar en mí esa dichosa música de jazz.
Y como todos ya sabemos
después del jazz viene el tango.
Y después del swing viene el concierto.
Y después del cuento viene el fin.
Como en un cuadro de VanGogh,
o tal vez de Picasso,
quién sabe si de Vermer,
me encontré un objeto del arte.
Un pincel, tal vez un lápiz,
(o una pluma, que es más sofisticado)
Y una mancha de grasa en el dintel.
Un caballero, con armadura y corcel,
una princesa que no estaba dormida, y
un sueño escrito en un papel.
El pasear lento, la virtud descolocada
en un cajón de la buhardilla.
El sujetador cuelga del pomo,
yo escribo lo que pienso,
o pienso lo que escribo.
Quizá ninguna de las dos.
O tal vez, los errores se encuentren bajo la
piel.
Es posible que estos versos sean objeto de
rencor. O tal vez sean mentira.
Aquí, cada uno con sus versos, y sus culpas y sus mentiras.
Yo, allá con las mías


[Septiembre, 2011]

4 de marzo de 2012

Lo que nos espera.

Te espero y te esperaré siempre, aunque no sé ni tu nombre ni cómo se dibujan las facciones de tu cara. Te espero porque sé que vendrás, y que traerás contigo todo aquello que llevo buscando tanto tiempo y que nadie ha sido capaz de darme. Desconozco cuando querrás presentarte, el momento exacto en el que el aire que te rodea invada el mío y ambos compartamos el mismo oxígeno. No sé cuando te cruzarás en mi camino ni si la vida nos separará una o mil veces. Ignoro si te buscaré o serás tú quien me encuentre, o si los dos nos conoceremos en un punto intermedio de la distancia que separa tu puerta de la mía. Sobre ti aun no sé nada, pero te aseguro que puedo pasarme la mitad de mi vida sentada en un banco del parque, sin moverme, bajo la lluvia torrencial, sólo por haber tenido el presentimiento de que será allí donde te vea por primera vez. Miro a mi espalda y atisbo las huellas, frescas en el barro, del pasado que dejé trás de mí. A veces parecen pocas, pero en ocasiones se tornan incontables. Más no me importa porque aquello no puedo cambiarlo, pero lo que me espera sólo yo puedo trazarlo, y lo haré como siempre he deseado. No sé cómo vas a reconocerme: puedes buscarme entre esa gran mayoría de personas que se encorvan hacia delante porque el peso que cargan a sus espaldas a veces se hace demasiado duro. No sé cómo vas a adivinarme, pero sé que lo harás. Puede que un día me choque contigo al doblar una esquina, o que me cedas tu paraguas una tarde de tormenta. Quizá mi coche se quede sin gasolina en el momento exacto en que tú pases por esa carretera. Caben tantas hipótesis que sería imposible presentar una como la correcta.
Yo sólo sé que llegarás y todas las heridas que se vislumbran en mi piel, y también aquellas otras que se esconden en mi alma, sanarán al instante y no quedará cicatriz alguna que dé testimonio de que alguna vez han estado ahí. Ya imagino cómo eres, cuál es tu filosofía y por qué principios te guías.
No te preocupes si tú tambien traes harapos por camisa, porque aprendí a andar en senderos repletos de agujas, y preferí conocer el arte de manejarlas antes que caminar pinchándome a cada paso.
No me da miedo que tardes, porque una vez que estés aquí el dolor se marchará lejos y las lagrimas correrán hacia el mar para perderse en las profundidades. Esperaré todo el tiempo que sea necesario, de pie, sin rendirme, porque la rendición es el camino mas fácil y yo siempre he sido difícil. Puede que tenga que superar mil huracanes más, o que el cielo esté en calma a cada momento. Puede que sienta las gotas de agua resbalar por mi espalda, pero si estás a mi lado recogeremos la lluvia para regar las flores de nuestro jardin. Ahora veo el cielo, las nubes blancas que pasan lentamente; y siento el calor de la tierra y el tacto de la luz del sol sobre mis brazos. Y las calles se abren en mí y los coches las inundan con sus luces de atrás verde esperanza.
Y ahora no hay quién me frene porque me siento capaz de todo, simplemente por imaginarte ahi fuera, esperándome.
Y súbitamente los vientos cesan y las ortigas se marchitan, y nuestra vereda se cubre de amapolas.
¿No es increible que sienta todo esto por saber que te encontrare?
No importa si eres el primero o si atrás quedan unos cuantos que no merecieron la pena, que no supieron valorar todo lo que se esconde bajo mi mirada ni apreciar la sonrisa que sale de mis labios.
Vibra el cielo y las paredes de este dormitorio vuelven a percibir un estiramiento en mis labios, que se pliegan hacia arriba sin que yo pueda evitarlo. Sabía que la risa era algo que no se olvida, aunque lleve tiempo sin utilizarla.
Cuando empezemos a tejer el futuro que nos espera en el telar de nuestras vidas, basándose en el boceto de los sueños que guardamos en el corazón, no hará falta que intente recordar tantas cosas porque jamas las olvidaremos. Asi que aquí te espero hasta que te encuentre, o me encuentres, o nos encontremos. Lo que nos espera