18 de mayo de 2014

Ser.

Y mañana voy a ir más guapa y más normal que nunca.
Porque ya no sé si quiero ser su musa.
Porque nunca quise ser la musa de nadie.
No quiero ser la razón de sus ojeras.
Ni quiero ser el tema de su próximo poema.
No quiero ser nada de nadie
sólo quiero ser mi puta preferida
la que me manche de carmín las camisas blancas
la que me haga los mejores orgasmos.
Quiero ser a la que le sienten bien esas bragas en el suelo
y esas ganas en la cama.
Quiero ser la que se prepare el colacao
porque yo de cafeínas que no dejan soñar despierta,
paso.
Que no quiero ser otro juguete más al que hinchar
y deshinchar a polvos
que no son de hadas,
que no te hacen volar.
Que yo soy el hada de los polvos para volar
y que tú no vas a ser el centro de mi próximo despegue.

Que yo sólo quiero ser con alguien
que se atreva a ser conmigo.

Cosas que tienes que saber de mí.

Mira, tal vez no sea la mejor poetisa del mundo, pero me interesas por persona y no por poeta bragueta.
Si soy puta, soy una cualquiera; y si soy buena, me haces daño.
Y no soy puta pero tampoco buena,
soy valiente.
Y no tienes ni puta idea de las hostias que me han dado,
pero tampoco tienes ni puta idea de lo poco que me importa
si el premio,
esta vez,
son tus labios.
Que además de kamikaze soy valiente
e incoherente.
Que dejo que la vida me atraviese
y me atrevo a mirar
te
mientras me escondo en mis pestañas.
Mira, tal vez no salga bien el asunto este de quererse, pero...
pero tal vez sí.
No soy ni droga, ni musa, ni heroína.
Y tú seguro que estás guapísimo ahora
ahí sentado
organizándote la semana.
Pero te falta algo:
yo, mirándote.
Mirándote como si mirase el sol desde mi ventana.
Que me equivoco casi 5 de las 3 veces que lo intento
pero que no dejo de intentarlo.
Que me tomo un rato al día para mirar el sol por la ventana
a pesar de que mi ventana tiene rejas.
Pero si me dejas,
si me dices (nos) vamos,
si me dices que adelante,
abro la puerta,
bajo los diez pisos corriendo
y miro al sol de frente
aunque ya esté atardeciendo.

De momento, sólo eres como mirar el sol por una ventana con rejas.
Con ganas y sin puertas.


17 de mayo de 2014

Abrazos.

Me saltaría mis normas,
los tejados
y nuestros precipicios por poder,
solamente,
conocerle.
Me dijo que faltaba él en el paisaje que une mis calcetines con mi labio.
Me dijo que los edificios estaban mal construidos.
Y yo no sé de arquitectura
pero sí de magia en la mirada.
Y yo tengo atravesado a ese chico en las pestañas.
Por él, yo no sé qué sería,
y no lo quiero decir
las palabras se me van por la boca bastante a menudo
pero no los abrazos.
Construyámonos los edificios necesarios
para que quepan todas nuestras dudas
a ras del suelo.
Pajaritas en los pies
para aprender a volar
con los pies en el suelo.

Una jam aleatoria

Las mismas metáforas de siempre.
Amor, desamor y orgías
por la noche
y en Madrid.
Como tú.
Que les sirves de orgías
por la noche
y borrachos.
Si no, no sirves de nada.
Escandar hablando de Frontela
O Marcus leyendo a su colega.
Sí, sí, ese que se ha muerto.
Aquí, en el aleatorio hay un espacio,
un puto paréntesis para vivir.

[Hay miradas que te roban
la vida
y otras vidas que te roban
la mirada.
Y en todo eso existe alguien
que te dice que si llevas
corazones
no puedes morderte el labio
si no es en su cama
recitándole poesía.

Prométeme que nos veremos
y que nos veranearemos en la boca.]

Quieren mirar más allá pero ellas no saben mirar.
Quieren salvar tu alma perdida, en lugar de beberse contigo hasta la última gota de cerveza.
Quieren ser tu salva-vidas
en lugar de emborracharse contigo
de-vida-mente
a vida o muerte.

Si no se emborrachan contigo no saben conocerte.
Pero que no te emborrachen para follar.
Que se emborrachen contigo y tu obligo,
desnudos.

El último tequila
sin prisa
y con toda la sensualidad
que permita una peli porno
en tu cama.

Me gustaría que viniese a abrazarme.
Nos olvidaron eso del amor
con ternura.
No saben. No tienen ni puta idea.

[Todo se vuelve desamor si no sabes mirarlo]

Quieren ser tus súper-heroínas
y yo de drogas paso.

Y de borracha sola
a puta emborrachada.
2 tequilas
con sal de mi vida
y limón.

[Lo que está entre corchetes lo provocó él
con sus preguntas]

14 de mayo de 2014

Autoternura y todas esas ru(t)inas.

Empiezo a cansarme de que
darme y dar
y no sean lo mismo.
Empiezo a hartarme de que me den
más por culo
que por amor.
Se me ha olvidado eso de la ternura
que te la daban y tú también das, decían.
Pero lo cierto es que aquí todo el mundo recibe y nadie da.
Y entonces llego yo,
un martes y 13
y me canso de autoternurarme
y empiezo a autocensurarme.
Que el otro día follé sin ternura
y fue lo más horrible del mundo.
La fragilidad hecha pedazos,
hecha persona.
Uno se da cuenta de lo frágil que es
sobre todo cuando está desnudo.
Vencí mientras creí que podía vivir a base de mi propia ternura.
Caí
y ahora aprendo cosas de mí misma
a toda hostia
y me llevo más de una.
No tiene ningún sentido follar sin amor
o al menos sin fingirlo
una maldita noche
un par de horas de puta.
Vamos, joder.
El calor se ha roto por nuestra culpa.
Hemos roto la primavera en un orgasmo.
Siéntete culpable conmigo
y sobre mí
o no me sientas.
Ya basta de hacerme sentir una muñeca
de trapo
hinchable.
No somos mas tontas por ser más tiernas
y la ingenuidad no va ligada a la dulzura.
Puedo pasar de buena a tonta y de tonta a hija de puta.
Que sí, que te quieras,
pero que me sobra espacio para quererme
y entusiasmo.
Hay hueco para uno más
pero que venga con tacto y sin sombrero.
Vente, nos damos una vuelta por tu barrio
por tu casa,
por la mía
o por malasaña.
Jugamos a ternurarnos
y después nos hacemos el amor.
Y si quieres a otra cosa mariposa,
pero deja de follarme
como si fuese cualquier otra.
Porque yo no voy a volver a pasar por tu vida.
Y quizá quieras quedarte un trozo de mí
antes de que me vaya con el fin de la resaca.
Así que o nos emborrachamos de seguido
para que no acabe nunca la resaca
o me haces el amor cuando me folles
o mejor ni follamos
y así no me tengo que desplazar de mi sofá.

3 de mayo de 2014

Y a pesar de que el cuento empieza
felizmente sola
hay mañanas que no son felices
pero sí solas.



y eso no mola tanto

Soledad.

Nos han enseñado a odiarnos
y yo, que estuve a punto de creérmelo
acampé fuera,
y aprendí a quererme
estando sola.
La tan temida soledad era esto:
contarme los lunares de la espalda,
dibujarme constelaciones,
hacerme poesía, poetisa y musa
de mí misma.
Saberme encontrar entre las cicatrices.
Aprenderme
hasta la última de las canciones
que suenan a acordeón.
Arrancarme sonrisas.
Para mí la soledad era eso:
dibujar corazones con mi nombre dentro
en la pared de mi cuarto.
La tan temida soledad era eso:
quererme.



[Y cómo molan los corazones de mi cuarto]