"A la que no hace falta escribirle porque es pura poesía"
27 de enero de 2014
24 de enero de 2014
Columpios.
Ese preci(o)so instante en que el balanceo de tu cuerpo sobrepasa las cadenas del columpio hace que tus pies comiencen a rozar el horizonte para alcanzar el cielo en un instante, haciéndote creer que puedes saltar al vacío y echar a volar, (como cuando éramos pequeños).
7 de enero de 2014
M
Das abismo,
que no miedo.
Vienes a desarmar tenedores, y tú
ni idea del desastre natural en que te metes.
Vienes con Cortázar y mi nombre.
(desde el primer día)
Vienes a enseñarme toda la poesía que aún no conozco.
Vienes con libélulas
que son las más bonitas orquídeas enredadas en los versos de un limón.
Vienes.
Y yo también voy.
Y voy llegando hacia ti
con una naturalidad pasmosa.
De esa que te hace temblar la voz
al cantar
y echar a llorar.
Me abres las puertas de tus miedos,
"como si de toda la vida",
y me lo haces sentir.
Me haces sentir en casa, y tú...
y tú conmigo en casa.
Haciendo café para dos
y amor para compartir,
como si supieses todo de mí.
Te has colado no sé muy bien cómo
no tengo clara la grieta por la que has entrado
y no sé de dónde has salido,
pero quédate
que tenemos toda una noche
(eterna)
para descubrir.lo-que.queramos
De orquídeas y libélulas.
Podría besarte, si me dejas, hasta la voz.
Podría acampar en tu espalda y en tus ojos.
Podría hacerte reír a carcajadas.
O podría cantarte toda la noche
(si con eso sigues aquí al lado).
Pero si me llamas orquídea sin que te haya dicho que es mi flor favorita...
podría darte los buenos días el resto de mi vida.
Podría acampar en tu espalda y en tus ojos.
Podría hacerte reír a carcajadas.
O podría cantarte toda la noche
(si con eso sigues aquí al lado).
Pero si me llamas orquídea sin que te haya dicho que es mi flor favorita...
podría darte los buenos días el resto de mi vida.
2 de enero de 2014
A
A veces me gusta
y también mirarle.
Y adivinarme en su mirada
y en sus pantalones.
Reírme a carcajadas
si me corro.
Comer chocolate
en su espalda.
A veces me gusta emborracharme
de él y conmigo.
Jugar a que soy
y él lo es también.
Deshacer sus sábanas
varias veces al día.
A veces me gusta
y eso
no significa que esté enamorada.
y también mirarle.
Y adivinarme en su mirada
y en sus pantalones.
Reírme a carcajadas
si me corro.
Comer chocolate
en su espalda.
A veces me gusta emborracharme
de él y conmigo.
Jugar a que soy
y él lo es también.
Deshacer sus sábanas
varias veces al día.
A veces me gusta
y eso
no significa que esté enamorada.
23 de diciembre de 2013
Otra vez ella: Tania.
Nunca pares de sonreír o me bajo
de este mundo.
Si tú te bajas yo dejo de sonreír.
Entonces. Pacto hecho.
Te quiero, porque somos
aunque no estemos.
Y eso ahora no se lleva.
Pero nosotras lo guardamos
en los bolsillos internos de la solapa del traje de noche del corazón.
Y lo llevamos. Y somos. Aunque lo guardemos y no estemos.
Y podrán pasar los años, la vida como un tren sin vías, descarrilado, que yo te sonreiré aunque llore.
Y yo seguiré en el mundo aunque tenga ganas de bajar, porque tu sonrisa ilumina el mundo, y las dos vivimos en el mundo. Y alguien tiene que dar luz para que mis sombras sigan vivas.
"Golpe de estados de ánimo. Todos al suelo"
Mal(-)decíamos lo que sentíamos. Pero nos queríamos bien.
Bájame las penas.
¿En escaleras o ascensor? Ponles paracaídas que voy.
En escaleras. Al vacío. Como el mundo.
Mejor sin parar la caída.
Al vacío como el queso
de este mundo.
Si tú te bajas yo dejo de sonreír.
Entonces. Pacto hecho.
Te quiero, porque somos
aunque no estemos.
Y eso ahora no se lleva.
Pero nosotras lo guardamos
en los bolsillos internos de la solapa del traje de noche del corazón.
Y lo llevamos. Y somos. Aunque lo guardemos y no estemos.
Y podrán pasar los años, la vida como un tren sin vías, descarrilado, que yo te sonreiré aunque llore.
Y yo seguiré en el mundo aunque tenga ganas de bajar, porque tu sonrisa ilumina el mundo, y las dos vivimos en el mundo. Y alguien tiene que dar luz para que mis sombras sigan vivas.
"Golpe de estados de ánimo. Todos al suelo"
Mal(-)decíamos lo que sentíamos. Pero nos queríamos bien.
Bájame las penas.
¿En escaleras o ascensor? Ponles paracaídas que voy.
En escaleras. Al vacío. Como el mundo.
Mejor sin parar la caída.
Al vacío como el queso
15 de diciembre de 2013
Labios.
Un lugar donde no importen las virtudes, pero tampoco los defectos. Donde al abrazar a esa persona puedas sentirte en tu hogar.
Quizá lo tengamos idealizado, y ese lugar no sea un amor. Pero yo siento que es un amor lo que necesito. Esa pieza que me falta. Un él concreto al que dedicarle mis poemas. Un él concreto que me dedique sus mañanas, sus sonrisas, su todo.
Y no lo encuentro. Y al que encuentro no me gusta. O no le gusto. O no nos gustamos. O no funciona, o cualquier otra excusa barata de mercadillo. Y mientras ese él no llega busco enamorarme o ahogar mis penas en otros labios, en otras manos, y otros brazos, pensando que pueda llegar a venir de pronto ese él.
Un él que creo el salvador de todas mis penas. Quizá no lo sea, pero necesito creerlo.
Todos los labios en los que escondo mis pedazos son pozos sin fondo, calles sin salida con luces de neón que avisan y yo ya conozco porque estuve miles de veces ahí, en esa calle, en ese pozo. Pero da igual, vuelvo a entrar de nuevo, cansada de esperar en la calle, quieta, en medio de la tempestad, aguantando el frío invierno. Parece que esa es la única manera que tengo de entrar en calor. De sentirme acompañada un rato. Para luego sentirme solísima, al ver que todo era una mentira que ya conocía.
Y a veces digo "capaz me cruce por la calle con el amor de mi vida", o "lo voy a encontrar en otro lugar" y doy vueltas y miro, y todos están en otra. Y siento que espero algo que no llega.
Y voy por la calle buscando unos ojos que respondan a mi llamada. Y si se cruzan, en contacto visual, de pura casualidad, creamos castillos en el aire con tal de sentir eso en el estómago, todas las mentiras que nos conducen a esa calle iluminada en la sombra que tan bien conocemos.
Así pasan los días: entre los labios que anhelo y los que consumo.
Quizá lo tengamos idealizado, y ese lugar no sea un amor. Pero yo siento que es un amor lo que necesito. Esa pieza que me falta. Un él concreto al que dedicarle mis poemas. Un él concreto que me dedique sus mañanas, sus sonrisas, su todo.
Y no lo encuentro. Y al que encuentro no me gusta. O no le gusto. O no nos gustamos. O no funciona, o cualquier otra excusa barata de mercadillo. Y mientras ese él no llega busco enamorarme o ahogar mis penas en otros labios, en otras manos, y otros brazos, pensando que pueda llegar a venir de pronto ese él.
Un él que creo el salvador de todas mis penas. Quizá no lo sea, pero necesito creerlo.
Todos los labios en los que escondo mis pedazos son pozos sin fondo, calles sin salida con luces de neón que avisan y yo ya conozco porque estuve miles de veces ahí, en esa calle, en ese pozo. Pero da igual, vuelvo a entrar de nuevo, cansada de esperar en la calle, quieta, en medio de la tempestad, aguantando el frío invierno. Parece que esa es la única manera que tengo de entrar en calor. De sentirme acompañada un rato. Para luego sentirme solísima, al ver que todo era una mentira que ya conocía.
Y a veces digo "capaz me cruce por la calle con el amor de mi vida", o "lo voy a encontrar en otro lugar" y doy vueltas y miro, y todos están en otra. Y siento que espero algo que no llega.
Y voy por la calle buscando unos ojos que respondan a mi llamada. Y si se cruzan, en contacto visual, de pura casualidad, creamos castillos en el aire con tal de sentir eso en el estómago, todas las mentiras que nos conducen a esa calle iluminada en la sombra que tan bien conocemos.
Así pasan los días: entre los labios que anhelo y los que consumo.
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